“Desconocida. Trece años. Esbelta. El seno derecho amputado y el pezón izquierdo arrancado de un mordisco. Nuca rota, apuñalada, huellas de violación”. Así comienza He visto al diablo de frente, una novela negra en la que la realidad mexicana se impone a la ficción.
Ciudad Juárez: rehén de los asesinos sin rostro, se ha convertido en una pesadilla, en la ciudad sin ley. El promedio de dos cadáveres mensuales, la muerte de 430 mujeres y la desaparición de más de 600 féminas han obligado a la escritora francesa Maud Tabachnik a desplazarse a Ciudad Juárez, localidad fronteriza entre México y Estados Unidos, desde donde ha relatado el mayor feminicidio de finales del siglo XX.

En México las mujeres mueren por el mero hecho de haber nacido mujeres”.

La indiferencia general del Estado mexicano y la culpabilidad de una serie de policías y narcotraficantes, protegidos por ex-gobernadores de Chihuhua, son la clave de la investigación de Tabachnik. La Comisión Mexicana de Derechos Humanos y las organizaciones Voces sin eco y Nuestras Hijas de Regreso a Casa siguen actualmente pidiendo que cese el crimen organizado auspiciado por las autoridades del gobierno. Los asesinos sin rostro borran la huella física de sus víctimas con ácido, pero dejan la huella psicológica en los jóvenes “machos” que aprenden que la violencia contra el sexo femenino es un deber.

Marta Nieto