Los cambios imponen y en muchas ocasiones provocan miedo. Nos asustan porque nos llevan hacia lo desconocido, hacia una parcela diferente que no ha sido explorada o que es sobrenatural. Las novelas nos ayudan a transformarnos, a sufrir cambios, a viajar a mundos desconocidos y a ver desde otras perspectivas, pero pocas, muy pocas novelas llegan a dejar en el lector esa huella y esa sensación de desasosiego y extrañeza tan impactante como la que se produce al leer las primeras líneas del escritor checo, Kafka, quien mediante su obra, La Metamorfosis, narra un cambio brutal y repugnante. El cambio.
El protagonista en cuestión, Gregor Samsa, es alguien normal, un simple viajante que está sometido a la rutina diaria, a la autoridad paterna y a un monótono empleo. Pero su vida muta, tanto que deja de ser un hombre resignado para convertirse en un repugnante escarabajo. Esta metamorfosis va a quebrar la existencia de Gregorio en todos los sentidos, con ella abandona un modo de vida impecable, previsible y rutinario tras el que se convierte en una víctima del horror , el asco y el mayor de los desprecios. Estas afirmaciones quedan patentes con sólo decir que las primeras palabras que le dirigieron después de la transformación fueron: “Ojo Gregorio! (Con el puño en alto)”, y con otros sucesos de malos tratos no ya psicológicos sino físicos, como el que se produce cuando su padre le arroja un trozo de manzana que le queda incrustado en su pequeño caparazón. Una serie de golpes de desafecto y traición que dejaron a Gregor Samsa plenamente derrotado y hundido.
A todas luces puede parecer que la causa de la tragedia del joven es la metamorfosis, pero no, la cuna de la desgracia de Gregorio es su vida cotidiana. Todo lo que sabemos de Samsa revela una vida mezquina, pobre, sin ilusión, ni libertad, sin humanidad. Sólo vive para trabajar, pues desconoce el amor y la amistad. Su única compañía es la incomprensión, pero no sólo durante su existencia como escarabajo, sino durante su vida de humano. Por ello es magistral la idea de transformar a Samsa en un escarabajo, porque esa metamorfosis deja plena evidencia de la incomunicación entre Gregor y el resto de la humanidad.
En verdad, Gregorio es un insecto, una persona apartado de la relación humana antes de su metamorfosis. No obstante, aunque es introvertido parece el único personaje que se pone en el lugar de los demás, es tan tolerante y comprensivo que una vez transformado no se decide a llamar la atención para demostrar que necesita comer, pues piensa que en el intento puede asustar a su familia. Pensándolo bien ¿quiénes son los verdaderos insectos? puede que Samsa tenga su forma física, pero aún teniendo caparazón y un aspecto horripilante llega a ser mucho más humano que el resto de la gente que le rodea.
La inhumanidad. Éste es el rasgo que más impresiona de la obra, el hecho de que su familia no se preocupe por lo que le ha pasado a Gregorio sino por su situación económica, pues en su estado no puede trabajar. No se molestan en darle palabras de cariño, para que al menos note afecto, sino que le practican todo tipo de vejaciones para que se sienta rechazado, como por ejemplo cuando toman por costumbre colocar en su habitación todos los estorbos. Además pensaban que Gregorio no tenía porque sentirse abandonado porque para atenderle ya estaba la asistenta, que como era mayor y había sufrido, se suponía que había sobrevivido a “mayores amarguras”. Sin embargo, lo peor es que llegaron a desear su muerte “Es forzoso intentar librarnos de él. Hemos hecho cuanto era humanamente posible para cuidarle y tolerarle”, e incluso se alegraron tras ésta.
Una vida arruinada que puede parecer incierta, pero que es más real de lo que creemos. Una existencia marcada por la incomunicación y el rechazo, vivencias que crean personas resignadas y seres deprimidos que no logran ningún punto de conexión con la vida que nos acecha y creen ser unos extraños absolutos frente a los demás seres. Una actitud de constante vigencia en la actualidad. Así somos los humanos, como Gregor Samsa, podemos ser superados por las presiones del trabajo, de la familia y podemos ahogarnos en cada uno de nuestros miedos internos. Miedos e inquietudes que provocan que nos veamos diferentes, tanto como un insecto ante un humano.
Marta Nieto