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La Coctelera

Maestro del compromiso

La lucha contra el terrorismo es una lucha sin victoria. Lo dijo un hombre que ha sido testigo de innumerables conflictos armados durante la segunda mitad del siglo XX. Robert Kapuscinski, considerado como un maestro del reporterismo bélico, afrontaba siempre su tarea desde la perspectiva del sufrimiento y la visión humana de la guerra más que desde sus últimas noticias.

Encontró la muerte a los 75 años en la Varsovia que lo veía descansar y escribir las líneas de sus éxitos editoriales tras haber estudiado Historia y Arte y haber ejercido como profesor y periodista nómada. Su trabajo, según decía, respondía más bien a ‘una misión’ y no a una vocación.

Sensible, brillante y comprometido, halló tiempo entre sus visitas a los lugares del planeta en ebullición para redactar 19 libros en los que, entre otras cosas, analizó la situación actual del oficio periodístico –como en Los cínicos no sirven para esto- y su visión acerca del nuevo escenario mundial tras el 11-S. Además, sus vitrinas se llenaron de importantes premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2003, y fue nombrado Doctor honoris causa de universidades como la Barcelona o Cracovia, entre otras.

Kapuscinski está considerado como uno de los maestros del periodismo moderno y un fiel defensor de la ética de la profesión. No en vano, es el autor polaco más publicado y traducido en el extranjero.

Ataques como el del 11-S o el 11-M, responden, según las palabras del polaco, a la acción de grupos independientes que son difíciles de controlar. Así, como afirmó en una entrevista, ‘el mundo globalizado no tiene ningún poder global que pueda controlar a estas nuevas fuerzas’.

Sobre la tumba en la que descansa William Howard Russell en Londres se puede leer: ‘Fue el primero y el más grande de todos los corresponsales de guerra’. Polonia no puede conceder un homenaje menor a esta figura del periodismo que observaba la guerra como ‘el mayor error del ser humano’, pero que gracias a ella se forjó una brillante carrera que lo situará sin duda como una de las plumas merecedoras de estudio en las facultades de Comunicación.

Salva Martín

“LA SOCIEDAD TELEDIRIGIDA”

El Homo sapiens retrocede en su evolución para convertirse en un Homo videns, hecho que ha provocado la televisión. Hasta la llegada de este avance tecnológico, el Homo sapiens se caracterizaba por su capacidad simbólica, por ser un animal capaz de reflexionar sobre sí mismo, pero la televisión ha engendrado a un nuevo hombre cuya única misión es ser un mero observador. Las personas ya no tienen que reflexionar, pues la acción de ver es la más importante para esta nueva era de la comunicación. Estas afirmaciones devastadoras sobre la televisión son la esencia de la obra “Homo videns” de Giovanni Sartori, un libro que acerca al animal más evolucionado “a sus capacidades más ancestrales”.
Los valores formativos del medio audiovisual se niegan desde el comienzo: “La televisión modifica la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra al contexto de la imagen” . Para comprender las palabras debemos tener ciertos conocimientos, tales como el idioma y un amplio léxico; mientras que las imágenes no requieren dicho entendimiento, puesto que hablan por sí mismas. Esta afirmación ciertamente exagerada de Sartori viene acompañada de un grave problema: no todo puede ser visualizado y la televisión únicamente informa de aquello que va acompañado de imagen. De esta forma no sólo reducimos nuestra capacidad compresora a una simple visualización, sino que además quedamos manipulados ante una ocultación de información que no se puede mostrar, es decir, nos quedamos con grandes lagunas sobre ciertos temas que la televisión no puede captar.
La tesis de mayor relevancia que se plantea es que la televisión es el foco de educación infantil. Los niños ven la televisión durante mucho tiempo desde una edad muy temprana. Ellos no son capaces de seleccionar los contenidos adecuados y actúan como una esponja, absorben todo lo que ven. No obstante, el problema de que el niño crezca educado por este aparato y aborrezca los libros, aunque es un conflicto muy habitual en estos últimos años, no es causado por la televisión, como insinúa Sartori, sino por el abandono de los padres hacia los niños. La cuestión, es que el niño no debe ver la televisión solo, sino que un adulto tiene que explicarle y sobre todo seleccionar los contenidos, a no ser que queramos formar personas con “atrofia cultural”.

Marta Nieto

El 11M y los dictadores del pensamiento

Tres años después de la masacre del 11-M y a menos de un mes del comienzo de la vista oral, la Audiencia Nacional ha decidido saber por fin mediante un análisis perital científico qué fue lo que explotó en los trenes.

Esta negligencia policial de realizar en su momento sólo un análisis investigativo sin emplear las dependencias de la Policía Científica se va a subsanar tras la negativa del juez Del Olmo, que ha instruido en estos años el sumario del caso, y la continua denuncia por parte de cierta tribuna periodística.

Además, se citarán como testigos a Henri Parot, etarra cuyo número apareció en la agenda del considerado como lugarteniente de unos de los implicados (Alekema Lamari) y a los también miembros de la organización terrorista detenidos en Cuenca con 500 kilos de explosivos el mismo día que los presuntos islamistas trasladaban los suyos la capital española.

Queda en evidencia ese grupo mediático oficioso del poder y otros que le han secundado su postura de que algunos pretendían crear una ‘teoría conspirativa’. No se trata de eso. Se trata de saber, de no escatimar en esfuerzos para conocer quiénes participaron en la preparación y ejecución del atentado, cómo lo hicieron y qué explosivo utilizaron.

La verdad es el más poderoso de todos los argumentos. Parece que ahora sí se va en la línea adecuada para no quedarnos con una verdad a medias o prefabricada que las víctimas y el conjunto de España no se merecen. Que hable la Justicia y callen los dictadores del pensamiento.

Salva Martín

Spike Lee arremete contra la débil política de Bush

El cine se acerca a la realidad, a la más trágica. Las catástrofes naturales y el 11 de Septiembre invaden la gran pantalla. Sucesos que han marcado la historia de Estados Unidos, pesadillas que no se borran cuando uno sale del cine, sino que perduran en nuestra mente y nos vuelven a abrir los ojos.
La primera película que se atrevió con el 11-S fue United 93, un film con una acogida sosa, ni desastrosa ni memorable. Después llegó World Tride Center, en la que Oliver Stone ha utilizado una realidad muy cercana y ha convertido el sufrimiento en patriotismo, obviando hechos como la Guerra de Irak o Al Qaeda.
La voz crítica la ha alzado Spike Lee en honor a las víctimas del Katrina. El cineasta vio la destrucción desde Venecia y en ese instante supo que era necesario documentar la tragedia. Un deseo que se ha cumplido con la creación de un documental de cuatro horas en el que se narra el desastre natural más devastador en la historia de Estados Unidos.
Imágenes sangrientas que devuelven a ala memoria una evacuación tardía, a pesar de las numerosas advertencias sobre la fuerza del Katrina. La debilidad de las presas, obra del cuerpo de ingenieros del Ejército de los Estados Unidos y la desorganización en las operaciones oficiales de ayuda y rescate son el epicentro del documental. Spike Lee no se ha conformado con dar las cifras: 1.3000 muertos, un millón y medio de personas sin hogar y las consecuencias de una ciudad que en su 80% ha quedado bajo las aguas, sino que ha ahondado en el fallo más trágico de la ingeniería civil de la historia. Un alegato en toda regla contra la débil política de Bush.

Marta Nieto

Sobre lo de Alcorcón y las bandas latinas

Los enfrentamientos del pueblo periférico de Madrid entre suramericanos y españoles es sólo un triste botón de muestra sobre lo peligroso que puede resultar no tener controladas a las bandas criminales organizadas. El odio es un fuego que, una vez encendido, se aviva sólo.

Si en este país cupiera algo de seriedad existirían una serie de medidas que, sin duda, contribuirían a poner una venda a una hemorragia muy peligrosa y dañina para la convivencia, como es la vuelta de la ley del más fuerte en algunas zonas de España.

La primera sería el endurecimiento y la plena aplicación de las sanciones y penas a las personas implicadas en reyertas y actos violentos o vandálicos. Hay gente –minorías, claro está- que sólo entiende la teoría conductista y parece que, tal y como está la ley actualmente, les sale bien pasársela por el forro. La calle no necesita de individuos armados y dispuestos a imponer su ley mediante la coacción y la violencia. El sitio para éstos, sin medias tintas, sólo puede ser la cárcel.

La segunda es el seguimiento policial y judicial de estos grupos latinos que pretenden manifestarse como asociaciones culturales. Entonces, ¿las navajas y los cuchillos para clavarlos por detrás (como hicieron con un joven de Alcorcón) para qué son? Seamos serios. La única verdad es que la sociedad española no les debe nada a éstos que buscan imponer su particular forma de vida al estilo mafioso, pero en versión latino.

Y, por último, una tercera que se plantea imposible, auque no por ello su conveniencia sería del todo positiva. Se trataría de expulsar, devolver a su país de origen, a todo aquel inmigrante que cometa un delito considerado como grave. Esta minoría de delincuentes, y dejémonos de grandilocuencias y alianzas varias, no aportan ningún beneficio. Éstos no son los que contribuyen al crecimiento del PIB, sino que lo único que crece con ellos son el número de aceras manchadas de sangre y el miedo de los vecinos que los sufren.

Salva Martín

Más amigos

Aún recuerdo cuando Javier Clemente, después de una etapa como seleccionador nacional de fútbol en la que, como todos, no consiguió absolutamente nada, fue destituido de su cargo. Fue el final de un largo período de clamor popular alimentado por la cruzada que contra él protagonizaron unos medios de comunicación cansados de los desprecios y las maneras del técnico vasco. Por entonces, el presidente de la Real Federación de Fútbol era el mismo que actualmente: Ángel María Villar, una persona imputada por delitos de corrupción económica en el seno del organismo que preside.

Javier Clemente logró con sus formas ponerse en contra a toda la opinión pública, exceptuando a su íntimo amigo y comunicador de la COPE José María García. Éste, era la única persona que por aquellos tiempos defendía el papel de su colega públicamente, señalando que los males de esta selección procedían de otro lado.

El tiempo ha pasado, a Clemente lo echaron, y han seguido cayendo entrenadores sumidos en un fracaso deportivo que, tratándose de la selección de fútbol, parece el único resultado final posible.

Actualmente, la selección española de fútbol sigue sin haber ganado nada, pero quizás hoy se encuentre en una crisis de resultados y de juego bastante más alarmante que por entonces. Luis Aragonés es el seleccionador que todo el mundo cuestiona y que todos los medios exigen que se vaya. Todo el mundo menos un amigo: José Ramón de la Morena, director del programa deportivo con más audiencia de este país.

Casualmente, el periodista de la SER ha sido el comunicador más combativo a la hora de exigir el cese o la marcha de todos los antecesores del “sabio de hortaleza”. Pero ahora se trata de su amigo. De la Morena, no se cansa de repetir en los micrófonos que con Aragonés no puede ser objetivo, que a Aragonés “lo quiere”, y que por tanto no lo considera culpable de la deplorable situación deportiva por la que atraviesa el combinado nacional.

Queda bien decir en antena que la objetividad no existe, entre otras cosas porque es cierto. Pero quien se olvide de la responsabilidad social que implica esta profesión, está faltando a los principios éticos que deben sustentarla. Las opiniones de los comunicadores son referencia para la audiencia de éstos, por lo que no deberían olvidar tan a menudo su verdadero papel dentro de esta profesión. Un papel que en ningún caso consiste en hacerse amigo de los protagonistas para poder tener un acceso privilegiado a las primicias, sino en mantener una actitud crítica ante cualquier realidad que proporcione al receptor la versión más honesta de uno mismo.

José E.Monrosi

El Príncipe y El Mendigo

Dos perfiles muy distintos se enfrentan por la presidencia de Ecuador. País donde la pobreza y la corrupción crean una vaga economía nacional.
El candidato preferido de la izquierda ecuatoriana, es el economista Rafael Correa, del que se valora su cercanía a Hugo Chávez y a Evo Morales y la negativa a firmar el tratado de libre comercio con Estados Unidos.
Su rival electoral es el empresario Álvaro Noboa, cuyo capital es uno de los más abultados de Ecuador. Su campaña, muy diferente a la de su oponente, se basa en arreglos a golpe de talón. Promete, a través de su Fundación Cruzada Nueva Humanidad, más ofertas de empleo y créditos accesibles para los pobres.
Dos formas muy distintas de hacer política, que contrastan principalmente en la forma de utilizar a su población. El candidato conservador sigue la filosofía de que el dinero da la felicidad y está convencido de que la deprimida economía del país se arregla con el reparto de sillas de ruedas para minusválidos, o, regalando ordenadores a los alumnos de los colegios de Ecuador. Habrá que ver si su triunfo significa que cada ecuatoriano podrá optar a tener una vida en la que por los menos los recursos básicos, como la sanidad, la educación y la vivienda estén garantizados. Correa tampoco parece capaz de soportar la problemática del país, preocupado en hacer una alianza izquierdista entre los presidentes de Bolivia y Venezuela para atacar al capitalismo de Estados Unidos y arrastrar al país a un enfrentamiento continuo con Bush, parece haberse olvidado de que su país necesita apoyos más estables.
Ambos candidatos se enfrentarán en la segunda vuelta que se celebrará el próximo 26 de noviembre. El país tiene la dura tarea se elegir a un presidente entre las opciones que se les plantea, puede optar entre el príncipe y el mendigo. Luego habrá que confiar en el que nuevo presidente será capaz de evitar la imagen de los ecuatorianos votando en urnas de cartón.

Maribel López

LA METAMORFOSIS: Incomunicado, inhumano

Los cambios imponen y en muchas ocasiones provocan miedo. Nos asustan porque nos llevan hacia lo desconocido, hacia una parcela diferente que no ha sido explorada o que es sobrenatural. Las novelas nos ayudan a transformarnos, a sufrir cambios, a viajar a mundos desconocidos y a ver desde otras perspectivas, pero pocas, muy pocas novelas llegan a dejar en el lector esa huella y esa sensación de desasosiego y extrañeza tan impactante como la que se produce al leer las primeras líneas del escritor checo, Kafka, quien mediante su obra, La Metamorfosis, narra un cambio brutal y repugnante. El cambio.

El protagonista en cuestión, Gregor Samsa, es alguien normal, un simple viajante que está sometido a la rutina diaria, a la autoridad paterna y a un monótono empleo. Pero su vida muta, tanto que deja de ser un hombre resignado para convertirse en un repugnante escarabajo. Esta metamorfosis va a quebrar la existencia de Gregorio en todos los sentidos, con ella abandona un modo de vida impecable, previsible y rutinario tras el que se convierte en una víctima del horror , el asco y el mayor de los desprecios. Estas afirmaciones quedan patentes con sólo decir que las primeras palabras que le dirigieron después de la transformación fueron: “Ojo Gregorio! (Con el puño en alto)”, y con otros sucesos de malos tratos no ya psicológicos sino físicos, como el que se produce cuando su padre le arroja un trozo de manzana que le queda incrustado en su pequeño caparazón. Una serie de golpes de desafecto y traición que dejaron a Gregor Samsa plenamente derrotado y hundido.
A todas luces puede parecer que la causa de la tragedia del joven es la metamorfosis, pero no, la cuna de la desgracia de Gregorio es su vida cotidiana. Todo lo que sabemos de Samsa revela una vida mezquina, pobre, sin ilusión, ni libertad, sin humanidad. Sólo vive para trabajar, pues desconoce el amor y la amistad. Su única compañía es la incomprensión, pero no sólo durante su existencia como escarabajo, sino durante su vida de humano. Por ello es magistral la idea de transformar a Samsa en un escarabajo, porque esa metamorfosis deja plena evidencia de la incomunicación entre Gregor y el resto de la humanidad.
En verdad, Gregorio es un insecto, una persona apartado de la relación humana antes de su metamorfosis. No obstante, aunque es introvertido parece el único personaje que se pone en el lugar de los demás, es tan tolerante y comprensivo que una vez transformado no se decide a llamar la atención para demostrar que necesita comer, pues piensa que en el intento puede asustar a su familia. Pensándolo bien ¿quiénes son los verdaderos insectos? puede que Samsa tenga su forma física, pero aún teniendo caparazón y un aspecto horripilante llega a ser mucho más humano que el resto de la gente que le rodea.

La inhumanidad. Éste es el rasgo que más impresiona de la obra, el hecho de que su familia no se preocupe por lo que le ha pasado a Gregorio sino por su situación económica, pues en su estado no puede trabajar. No se molestan en darle palabras de cariño, para que al menos note afecto, sino que le practican todo tipo de vejaciones para que se sienta rechazado, como por ejemplo cuando toman por costumbre colocar en su habitación todos los estorbos. Además pensaban que Gregorio no tenía porque sentirse abandonado porque para atenderle ya estaba la asistenta, que como era mayor y había sufrido, se suponía que había sobrevivido a “mayores amarguras”. Sin embargo, lo peor es que llegaron a desear su muerte “Es forzoso intentar librarnos de él. Hemos hecho cuanto era humanamente posible para cuidarle y tolerarle”, e incluso se alegraron tras ésta.

Una vida arruinada que puede parecer incierta, pero que es más real de lo que creemos. Una existencia marcada por la incomunicación y el rechazo, vivencias que crean personas resignadas y seres deprimidos que no logran ningún punto de conexión con la vida que nos acecha y creen ser unos extraños absolutos frente a los demás seres. Una actitud de constante vigencia en la actualidad. Así somos los humanos, como Gregor Samsa, podemos ser superados por las presiones del trabajo, de la familia y podemos ahogarnos en cada uno de nuestros miedos internos. Miedos e inquietudes que provocan que nos veamos diferentes, tanto como un insecto ante un humano.

Marta Nieto